Muchas personas han dicho que la música mapuche es monótona, y, peyorativamente, básica, porque no sale del compás pam-pam pam-pam.
Hoy hablaba de eso con una amigas, y les conté de unas sabias palabras que una vez leí: el valor de la música mapuche no reside en contener melodías de alta compejidad, sino en intentar, con toda la humildad del ser humano, reproducir un sonido sencillo y a la vez maravilloso, por ser el que indica que estamos vivos: los latidos del corazón (si se detienen a escuchar sus propios latidos, podrán comprobar que ese típico pam-pam pam-pam de la música mapuche sigue el mismo compás sístole-diástole sístole-diástole).
Es bastante lógico que una cultura de tanta sencillez y profundidad haya creado música sencilla, y con tanto significado; la música es reflejo de la cultura que la crea, no hay otra razón.
Tal vez la cultura mapuche, pausada y con poca ambición, les molesta a algunos chilenos porque es una sacada de madre a su afán de estar siempre produciendo y asegurando el futuro, y por eso se irritan al ver a personas que no ocupan la tierra para hacerse ricos ni está entre sus objetivos acumular bienes. Respecto a la música, tal vez esos sonidos parecen insípidos porque en la ciudad necesitamos sonidos cada vez más pesados para poder vibrar, pues las cosas sencillas hace rato dejaron de conmovernos; es cada vez mayor la intensidad que se necesita para zamarrearnos dentro de la banda sonora del caos en el que vivimos…

